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jueves, 5 de septiembre de 2013
El comercio - 05/09/13 - EVA BÁRCENA

Con un visado para dos meses y sorprendiéndose algunos de que las extensiones de arena acaben en el mar, llegaron a principios de julio 250 niños saharauis, que gracias a la Asociación Asturiana de Amigos del Pueblo Saharaui disfrutaron de unas vacaciones diferentes alejados de temperaturas que pueden alcanzar hasta los 50 grados. Pero, tras sus 60 días de rigor, llegó el momento de decir 'hasta pronto' a sus familias españolas.


Familias como la formada por Rosa Torre o Jorge Herández y María Martín. «Gracias a ellos tenemos otra familia», aseguraba Torre, quien acogió por segundo año a Mamum, de 10 años, mientras que Hernández y Martín se hicieron cargo por casualidad de su hermano, Salama. «Nosotros trabajamos para la Cruz Roja y, por algún motivo que desconocemos, la familia de Salama no lo vino a recoger», explicaba Hernández, «así que nos hicimos nosotros cargo de él». Una experiencia nueva para ellos, que tuvieron que adaptarse pronto al pequeño Salama. «A mí no me deja fumar, ni entrar en el baño cuando se encuentra Jorge en él», comentaba Martín, «pero es un niño tan cariñoso que pensar en su marcha es muy duro».

Por su parte, Rosa Torre volvía este verano a ser la madre de Mamum, un niño que definía ayer como «muy cariñoso y agradecido». Ambas familias destacaron el cariño con el que también les trataban los padres de los niños. «Cuando hablamos por teléfono te preguntan '¿cómo está tu hijo?'», señalaba Martín, «te invitan a ir a visitarles cuando puedas, e incluso se preocupan por ti, pidiéndote que no mandes tanta ropa para el niño porque les preocupa la crisis económica que estamos pasando».

Una experiencia sin duda única, pero en la que no caben las dudas. «Si una familia se lanza con esto, que se responsabilice», pedía Hernández, «no queremos que se den más situaciones como la de Salama, es un niño muy bueno que no se merecía ese trato».

Hugo García, coordinador de la asociación, también incidió en la importancia de la responsabilidad, aunque este año no faltaron familias dispuestas a acoger a uno de estos niños. «Hemos tenido familias en lista de espera, por decirlo de algún modo», reconoció, ya que la asociación depende de las subvenciones para traer a los niños desde el Sáhara. «Quisiera aclarar que no le pedimos dinero a las familias por esto», insistió, con la esperanza de una subida en las subvenciones en próximos años para poder traer a más niños con edades comprendidas dentre los 8 y los 12 años, una «edad de riesgo», ya que «cuando son más pequeños están con las madres y con un par de años más son considerados adultos».

Pero, además de disfrutar de unas temperaturas más suaves durante el verano, otra parte importante de la visita de estos pequeños es la salud. «Tenemos un acuerdo con Sespa, y según llegan se les hace un reconocimiento médico», explicó García, un chequeo en el que suelen detectarse casos de anemias o mala alimentación. Pero, además, se les opera del oído o los ojos, partes muy dañadas a esas cortas edades debido a la arena del desierto.

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