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jueves, 30 de agosto de 2012

La Nueva España

Sus amigos de Navia le llaman en la intimidad «El tiburón del Sahara» y ayer se supo el porqué. Boceid es saharaui, tiene 10 años y este verano lo pasa en Asturias. Hace cuatro años que disfruta los meses de julio y agosto en España gracias a una familia de Ortiguera (Coaña). Con su familia asturiana visita a menudo la playa en su tiempo de veraneo.



«Le encanta», dice Noemí Fernández, su tutora española. Sus chapuzones y su desinterés por tomar el sol o jugar en la arena son conocidos en Navia. «Siempre quiere estar en el agua y no hay quien le saque de allí», destaca Noemí. Ayer vio de cerca el agua del mar Cantábrico, como cualquier día de playa, pero desde otra perspectiva: fue su primer día en la ría y a bordo de una pequeña embarcación de vela.

Boceid fue uno de los protagonistas de un plan organizado por el Club de Vela de Navia. Su presidente, José Manuel González, organizó como todos los años, y van cuatro, un taller de vela para colectivos especiales.

Cada año hay grupos distintos. De vela han aprendido los usuarios con limitaciones físicas y psíquicas de la Fundación Edes y los niños con enfermedades crónicas ingresados en el Hospital Central de Asturias, entre otros. «Este año pensamos en la comunidad saharaui. Queremos que sepan lo que es navegar, cómo se hace, qué tiene de especial este deporte y de mágica el agua de nuestra costa», explica González.

Hacerlo no fue difícil «porque es increíble lo atentos que están a todo». El grupo de saharauis, cinco niñas y un niño, aprendieron qué es un «optimist». El artilugio en el que navegaron procede de un pueblo de Estados Unidos, Clearwater. «Allí fueron los niños los que pusieron de moda estos modestos veleros», explicó José Manuel. «Para navegar, hace falta estar atento a todo lo que sucede a nuestro alrededor y pensar que tienes cerca una vela que mueve el viento». Boceid fue el primero en subir en uno de los botes y comprobar junto a su compañero de embarcación, Omar Alonso, que «Navia se puede ver desde otro lado».

Gabi tiene 8 años y pasa su primer verano en Navia. Ella fue la segunda del grupo en probar suerte y la sensación de estar sobre el agua y a bordo. «No tengo miedo, pero me mojo mucho», dijo a su hermana, Glana, de 11 años, y que visita Asturias por último año.

A los 12 años, estos niños dejan de venir a España para que sean los más pequeños los que disfruten de esta experiencia. De este verano, Glana se llevará, entre otros, el recuerdo de la vela y de la ría de Navia. Por ella navegó unas dos horas con sus compañeros. Antes asistió a unas lecciones de mínimos sobre este deporte que se practica todo el año en Navia gracias al club de vela del concejo.

Las fotos que hizo su familia española, pegada al pantalán y muy atenta a los movimientos de las cuatro embarcaciones, llegarán al Sahara pronto. Glana las tendrá cerca «para acordarme del agua y de las risas de todos».



La Nueva España

Sus amigos de Navia le llaman en la intimidad «El tiburón del Sahara» y ayer se supo el porqué. Boceid es saharaui, tiene 10 años y este verano lo pasa en Asturias. Hace cuatro años que disfruta los meses de julio y agosto en España gracias a una familia de Ortiguera (Coaña). Con su familia asturiana visita a menudo la playa en su tiempo de veraneo.



«Le encanta», dice Noemí Fernández, su tutora española. Sus chapuzones y su desinterés por tomar el sol o jugar en la arena son conocidos en Navia. «Siempre quiere estar en el agua y no hay quien le saque de allí», destaca Noemí. Ayer vio de cerca el agua del mar Cantábrico, como cualquier día de playa, pero desde otra perspectiva: fue su primer día en la ría y a bordo de una pequeña embarcación de vela.

Boceid fue uno de los protagonistas de un plan organizado por el Club de Vela de Navia. Su presidente, José Manuel González, organizó como todos los años, y van cuatro, un taller de vela para colectivos especiales.

Cada año hay grupos distintos. De vela han aprendido los usuarios con limitaciones físicas y psíquicas de la Fundación Edes y los niños con enfermedades crónicas ingresados en el Hospital Central de Asturias, entre otros. «Este año pensamos en la comunidad saharaui. Queremos que sepan lo que es navegar, cómo se hace, qué tiene de especial este deporte y de mágica el agua de nuestra costa», explica González.

Hacerlo no fue difícil «porque es increíble lo atentos que están a todo». El grupo de saharauis, cinco niñas y un niño, aprendieron qué es un «optimist». El artilugio en el que navegaron procede de un pueblo de Estados Unidos, Clearwater. «Allí fueron los niños los que pusieron de moda estos modestos veleros», explicó José Manuel. «Para navegar, hace falta estar atento a todo lo que sucede a nuestro alrededor y pensar que tienes cerca una vela que mueve el viento». Boceid fue el primero en subir en uno de los botes y comprobar junto a su compañero de embarcación, Omar Alonso, que «Navia se puede ver desde otro lado».

Gabi tiene 8 años y pasa su primer verano en Navia. Ella fue la segunda del grupo en probar suerte y la sensación de estar sobre el agua y a bordo. «No tengo miedo, pero me mojo mucho», dijo a su hermana, Glana, de 11 años, y que visita Asturias por último año.

A los 12 años, estos niños dejan de venir a España para que sean los más pequeños los que disfruten de esta experiencia. De este verano, Glana se llevará, entre otros, el recuerdo de la vela y de la ría de Navia. Por ella navegó unas dos horas con sus compañeros. Antes asistió a unas lecciones de mínimos sobre este deporte que se practica todo el año en Navia gracias al club de vela del concejo.

Las fotos que hizo su familia española, pegada al pantalán y muy atenta a los movimientos de las cuatro embarcaciones, llegarán al Sahara pronto. Glana las tendrá cerca «para acordarme del agua y de las risas de todos».


viernes, 24 de agosto de 2012


Los niños saharauis que veranean en Avilés gracias al programa «Vacaciones en paz» fueron recibidos ayer en el Ayuntamiento de la villa por las autoridades municipales con la alcaldesa Pilar Varela a la cabeza. La regidora agradeció la solidaridad de las familias, que acogen a los 300 niños que llegan cada verano a Asturias. Los presentes recibieron cometas y tableros para jugar a las damas como regalo.



Los niños saharauis que veranean en Avilés gracias al programa «Vacaciones en paz» fueron recibidos ayer en el Ayuntamiento de la villa por las autoridades municipales con la alcaldesa Pilar Varela a la cabeza. La regidora agradeció la solidaridad de las familias, que acogen a los 300 niños que llegan cada verano a Asturias. Los presentes recibieron cometas y tableros para jugar a las damas como regalo.


El Pais  - ELSA GARCÍA DE BLAS Tinduf 18 AGO 2012

En el Sáhara sobran estrellas, arena y tiempo. Todo lo demás escasea. “Nosotros somos pobres, ¿entiendes? Sin tierra, sin nada. Lo único que tenemos es la ayuda de nuestros hermanos españoles”. Los ojos de Nana Sidati, saharaui de 22 años, sobresalen con un brillo inteligente por debajo de su malhfa morada. Está sentada en un bordillo a la sombra, tapada de pies a cabeza a más de 45 grados, y no suelta de las manos el móvil que le ha traído su padre español. Es uno de los activistas que viajó el pasado 7 de agosto a los campamentos saharauis de Tinduf (Argelia), en desafío al Gobierno por repatriar a todos los cooperantes españoles de la zona por riesgo de secuestro. A ella en España la llamarían ni-ni, porque no estudia ni trabaja. Con la mirada perdida suelta un lamento en perfecto español: “Queremos hacer mucho, pero aquí…Es querer y no poder”.

Nana vive en una de las cinco wilayas o campamentos de refugiados saharauis en Argelia. La suya es la más reciente, y la única que tiene luz. Ni hablar de agua corriente. Se llama 27 de febrero, en honor al aniversario de la creación de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, la RASD. El horizonte vital de la joven empieza y acaba en su jaima y en la pequeña construcción de adobe que alberga la cocina. “Me levanto, hago el té, si me toca a mí y no a mi hermana hago la comida...De la casa a la cocina y de la cocina a la casa, la vida es así, lo que haces hoy lo harás mañana”. No hace planes, no piensa en futuro. Su tiempo permanece congelado, como el del resto de los 165.000 saharauis exiliados desde 1975 en la hamada (desierto pedregoso sin dunas) argelina después de la ocupación marroquí de la antigua colonia española del Sáhara Occidental. Desde entonces solo esperan —en 1991 se acordó un referéndum de autodeterminación—, olvidados en el hostil paisaje casi lunar en el que todo es del mismo color ocre: las jaimas y las casas de adobe, la tierra y el cielo, cubierto en verano por una nube de arena que oculta el azul. El suyo es un conflicto enquistado y que solo avanza a peor. La crisis, y ahora la amenaza terrorista, les ahogan en el desierto.

El almacén del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en Rabuni, la capital administrativa de la RASD y donde residen los cooperantes, es un cementerio de contenedores y palés vacíos, donde se agudiza la sensación de desamparo. En las reservas de comida queda un mes de cebada y un mes de aceite. El resto se ha agotado. “La situación es crítica, no tenemos asegurado qué van a comer los próximos meses”, alerta el presidente de la Media Luna Roja saharaui, Yahia Buhbeini, mientras camina por el desangelado recinto. La ayuda internacional se resiente. Solo la que procede de la cooperación española a través del Estado, exceptuando otras Administraciones y ONG —España es el primer donante de ayuda a los saharauis— se ha reducido este año en más de tres millones de euros respecto al año pasado (en 2012 ha sido de 5.690.000 euros).

Pero la ayuda alimentaria ya lleva meses, incluso años, sin cubrir las necesidades mínimas de la población. La ONU reparte 125.000 raciones de comida cada día. No hay censo oficial, pero las autoridades argelinas hablan de al menos 165.000 personas en los campamentos. Las cifras no cuadran. Así, la tasa de desnutrición crónica en niños menores de cinco años es de casi el 30%, según datos de ACNUR.

“El terrorismo marroquí pretende aniquilarnos y aislarnos, y trata de mermar las relaciones con nuestros amigos de España”, clamó el presidente de la RASD, Mohamed Abdelaziz, ante la delegación de activistas que se desplazó a principios de mes a Tinduf. Las consecuencias de la evacuación española tuvieron su efecto inmediato. Uno de los niños atendidos por desnutrición por los cooperantes de Médicos del Mundo falleció durante sus diez días de ausencia. El reparto de alimentos frescos que realiza la ONG vasca Mundubat se retrasó 15 días. El problema es también potencial: el miedo puede disuadir a las miles de familias españolas que viajan cada año a los campamentos para acoger a niños saharauis a través del programa Vacaciones en paz. Solo cuatro de los 12 cooperantes repatriados han regresado.

El apartamento de Albert Sterm y su compañera de Médicos del Mundo, que no quiere revelar su nombre, está a apenas un par de puertas de distancia del que ocupaba la cooperante Ainhoa Fernández de Rincón cuando fue secuestrada en octubre de 2011 por el grupo terrorista MUJAO (relacionado con Al Qaeda). Albert, de hecho, dormía allí la noche en la que se llevaron a Ainhoa, a Enric Gonyalons y a la italiana Rosella Urru. Escuchó los tiros, supo que había un ataque. Cogió el teléfono y transmitió la alarma a su ONG. Se libró porque no le buscaban a él. Ese día casi todos los cooperantes, en torno a una veintena, estaban en sus pisos. Los apartamentos dan a un mismo patio común. Y los terroristas fueron solo a por tres.

En ese mismo apartamento y alrededor de un café, los cuatro españoles que han decidido volver a Tinduf desoyendo la alerta del Ministerio de Exteriores, debaten sobre si el Estado debería pagar un rescate por ellos si son secuestrados. Jesús Martín, miembro de Mundubat, tiene claro que renuncia a que se pague por él. Albert no está de acuerdo: “Yo creo que el Gobierno no se puede desentender, yo no he renunciado a mi ciudadanía y corro un riesgo pero soy una herramienta de la política exterior”. El Frente Polisario, el movimiento que lucha por la independencia del Sáhara Occidental, ha tratado de responder a la amenaza aumentando las medidas de seguridad de los trabajadores humanitarios: el recinto en el que duermen se ha rodeado de dos muros de tierra con aspecto de barricadas que se convertirán en poco menos de un mes en firmes muros con alambre de espino; el complejo está vigilado ahora por decenas de militares armados.

A Moichar Moulud, de 22 años, también se le encuentra, como a Nana Sidati, sentado en un bordillo, con su darrá blanca. Debajo se le adivina una camiseta de la marca Ferrari. Espera fuera de las dependencias del Ministerio de Educación, en Rabuni, donde decenas de jóvenes asisten a un acto de entrega de diplomas de bachillerato. Dentro se escucha el característico ulular de las mujeres saharauis cuando se anuncia que 426 estudiantes han superado la prueba de acceso a la universidad. El 100% son alumnos cubanos, les llaman los cubarahuis. Unos 600 chicos están ahora estudiando en Cuba, varios miles en España. Sus perspectivas después de terminar los estudios son casi nulas Muchos se licencian y vuelven a casa. A la nada. A preparar el té, como Nana. “¿Tasa de paro juvenil? En el contexto de refugio en el que vivimos el empleo no es una prioridad”, responde Mohamed Moulud, ministro de Juventud.

Moichar acaba de volver de Galicia, donde ha estudiado durante ocho años. Él solo terminó la educación secundaria. Suelta tacos en español. La falta de oportunidades le ha conducido, como a otros jóvenes, hacia un discurso belicoso. Dice que lo habla con sus amigos, que no ven otra solución a su ahogo. Él era pacífico, promete. Pero ya se ha cansado de esperar: “No veo otra salida que la guerra”.


El Pais  - ELSA GARCÍA DE BLAS Tinduf 18 AGO 2012

En el Sáhara sobran estrellas, arena y tiempo. Todo lo demás escasea. “Nosotros somos pobres, ¿entiendes? Sin tierra, sin nada. Lo único que tenemos es la ayuda de nuestros hermanos españoles”. Los ojos de Nana Sidati, saharaui de 22 años, sobresalen con un brillo inteligente por debajo de su malhfa morada. Está sentada en un bordillo a la sombra, tapada de pies a cabeza a más de 45 grados, y no suelta de las manos el móvil que le ha traído su padre español. Es uno de los activistas que viajó el pasado 7 de agosto a los campamentos saharauis de Tinduf (Argelia), en desafío al Gobierno por repatriar a todos los cooperantes españoles de la zona por riesgo de secuestro. A ella en España la llamarían ni-ni, porque no estudia ni trabaja. Con la mirada perdida suelta un lamento en perfecto español: “Queremos hacer mucho, pero aquí…Es querer y no poder”.

Nana vive en una de las cinco wilayas o campamentos de refugiados saharauis en Argelia. La suya es la más reciente, y la única que tiene luz. Ni hablar de agua corriente. Se llama 27 de febrero, en honor al aniversario de la creación de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, la RASD. El horizonte vital de la joven empieza y acaba en su jaima y en la pequeña construcción de adobe que alberga la cocina. “Me levanto, hago el té, si me toca a mí y no a mi hermana hago la comida...De la casa a la cocina y de la cocina a la casa, la vida es así, lo que haces hoy lo harás mañana”. No hace planes, no piensa en futuro. Su tiempo permanece congelado, como el del resto de los 165.000 saharauis exiliados desde 1975 en la hamada (desierto pedregoso sin dunas) argelina después de la ocupación marroquí de la antigua colonia española del Sáhara Occidental. Desde entonces solo esperan —en 1991 se acordó un referéndum de autodeterminación—, olvidados en el hostil paisaje casi lunar en el que todo es del mismo color ocre: las jaimas y las casas de adobe, la tierra y el cielo, cubierto en verano por una nube de arena que oculta el azul. El suyo es un conflicto enquistado y que solo avanza a peor. La crisis, y ahora la amenaza terrorista, les ahogan en el desierto.

El almacén del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en Rabuni, la capital administrativa de la RASD y donde residen los cooperantes, es un cementerio de contenedores y palés vacíos, donde se agudiza la sensación de desamparo. En las reservas de comida queda un mes de cebada y un mes de aceite. El resto se ha agotado. “La situación es crítica, no tenemos asegurado qué van a comer los próximos meses”, alerta el presidente de la Media Luna Roja saharaui, Yahia Buhbeini, mientras camina por el desangelado recinto. La ayuda internacional se resiente. Solo la que procede de la cooperación española a través del Estado, exceptuando otras Administraciones y ONG —España es el primer donante de ayuda a los saharauis— se ha reducido este año en más de tres millones de euros respecto al año pasado (en 2012 ha sido de 5.690.000 euros).

Pero la ayuda alimentaria ya lleva meses, incluso años, sin cubrir las necesidades mínimas de la población. La ONU reparte 125.000 raciones de comida cada día. No hay censo oficial, pero las autoridades argelinas hablan de al menos 165.000 personas en los campamentos. Las cifras no cuadran. Así, la tasa de desnutrición crónica en niños menores de cinco años es de casi el 30%, según datos de ACNUR.

“El terrorismo marroquí pretende aniquilarnos y aislarnos, y trata de mermar las relaciones con nuestros amigos de España”, clamó el presidente de la RASD, Mohamed Abdelaziz, ante la delegación de activistas que se desplazó a principios de mes a Tinduf. Las consecuencias de la evacuación española tuvieron su efecto inmediato. Uno de los niños atendidos por desnutrición por los cooperantes de Médicos del Mundo falleció durante sus diez días de ausencia. El reparto de alimentos frescos que realiza la ONG vasca Mundubat se retrasó 15 días. El problema es también potencial: el miedo puede disuadir a las miles de familias españolas que viajan cada año a los campamentos para acoger a niños saharauis a través del programa Vacaciones en paz. Solo cuatro de los 12 cooperantes repatriados han regresado.

El apartamento de Albert Sterm y su compañera de Médicos del Mundo, que no quiere revelar su nombre, está a apenas un par de puertas de distancia del que ocupaba la cooperante Ainhoa Fernández de Rincón cuando fue secuestrada en octubre de 2011 por el grupo terrorista MUJAO (relacionado con Al Qaeda). Albert, de hecho, dormía allí la noche en la que se llevaron a Ainhoa, a Enric Gonyalons y a la italiana Rosella Urru. Escuchó los tiros, supo que había un ataque. Cogió el teléfono y transmitió la alarma a su ONG. Se libró porque no le buscaban a él. Ese día casi todos los cooperantes, en torno a una veintena, estaban en sus pisos. Los apartamentos dan a un mismo patio común. Y los terroristas fueron solo a por tres.

En ese mismo apartamento y alrededor de un café, los cuatro españoles que han decidido volver a Tinduf desoyendo la alerta del Ministerio de Exteriores, debaten sobre si el Estado debería pagar un rescate por ellos si son secuestrados. Jesús Martín, miembro de Mundubat, tiene claro que renuncia a que se pague por él. Albert no está de acuerdo: “Yo creo que el Gobierno no se puede desentender, yo no he renunciado a mi ciudadanía y corro un riesgo pero soy una herramienta de la política exterior”. El Frente Polisario, el movimiento que lucha por la independencia del Sáhara Occidental, ha tratado de responder a la amenaza aumentando las medidas de seguridad de los trabajadores humanitarios: el recinto en el que duermen se ha rodeado de dos muros de tierra con aspecto de barricadas que se convertirán en poco menos de un mes en firmes muros con alambre de espino; el complejo está vigilado ahora por decenas de militares armados.

A Moichar Moulud, de 22 años, también se le encuentra, como a Nana Sidati, sentado en un bordillo, con su darrá blanca. Debajo se le adivina una camiseta de la marca Ferrari. Espera fuera de las dependencias del Ministerio de Educación, en Rabuni, donde decenas de jóvenes asisten a un acto de entrega de diplomas de bachillerato. Dentro se escucha el característico ulular de las mujeres saharauis cuando se anuncia que 426 estudiantes han superado la prueba de acceso a la universidad. El 100% son alumnos cubanos, les llaman los cubarahuis. Unos 600 chicos están ahora estudiando en Cuba, varios miles en España. Sus perspectivas después de terminar los estudios son casi nulas Muchos se licencian y vuelven a casa. A la nada. A preparar el té, como Nana. “¿Tasa de paro juvenil? En el contexto de refugio en el que vivimos el empleo no es una prioridad”, responde Mohamed Moulud, ministro de Juventud.

Moichar acaba de volver de Galicia, donde ha estudiado durante ocho años. Él solo terminó la educación secundaria. Suelta tacos en español. La falta de oportunidades le ha conducido, como a otros jóvenes, hacia un discurso belicoso. Dice que lo habla con sus amigos, que no ven otra solución a su ahogo. Él era pacífico, promete. Pero ya se ha cansado de esperar: “No veo otra salida que la guerra”.

miércoles, 15 de agosto de 2012


Javier González, presidente del Observatorio de Derechos Humanos del Sahara Occidental y uno de los miembros de la delegación de cooperantes españoles que estuvo durante la semana pasada visitando los campamentos de Tindouf, explicó ayer en Oviedo las consecuencias de la evacuación de los cooperantes españoles. Para González, «esta decisión precipitada y poco justificada está privando a la población saharaui de una ayuda decisiva para la subsistencia».


Adrián Redondo, secretario de la coordinadora Asturiana de ONG, ha declarado que «las connotaciones políticas de esta evacuación manifiestan que detrás hay acuerdos políticos del Gobierno español con el de Marruecos para que la cooperación de las organizaciones no gubernamentales sea mitigada».



Javier González, presidente del Observatorio de Derechos Humanos del Sahara Occidental y uno de los miembros de la delegación de cooperantes españoles que estuvo durante la semana pasada visitando los campamentos de Tindouf, explicó ayer en Oviedo las consecuencias de la evacuación de los cooperantes españoles. Para González, «esta decisión precipitada y poco justificada está privando a la población saharaui de una ayuda decisiva para la subsistencia».


Adrián Redondo, secretario de la coordinadora Asturiana de ONG, ha declarado que «las connotaciones políticas de esta evacuación manifiestan que detrás hay acuerdos políticos del Gobierno español con el de Marruecos para que la cooperación de las organizaciones no gubernamentales sea mitigada».

ABC


«Los huéspedes son sagrados para los saharauis, son como dios», afirma contundente el secretario de Estado de Seguridad del Gobierno saharaui, Ibrahim Mohamed Mahmud. De esta forma ilustra el mazazo que supuso para un pueblo que vive de las ayudas el secuestro de tres cooperantes extranjeros, dos españoles y una italiana, el pasado 22 de octubre y que han sido liberados tras casi nueve meses de cautiverio en el Sahel.



Ese día está ya marcado para siempre como una fecha maldita en el calendario saharaui. El clima de libertad que reinaba en la zona del desierto argelino donde se asientan los campamentos de refugiados se tornó en una negra nube por la amenaza terrorista. Los protocolos de seguridad son ahora más estrictos y han cambiado algunos hábitos, como los de los movimientos de los cooperantes o de los trabajadores de las agencias de Naciones Unidas.

«En octubre de 2011 cambió todo», reconoce el jefe de la Minurso (Misión de la ONU para el Referéndum en el Sahara Occidental) en Tinduf (Argelia), el sudanés Omar Bashir Manis. “Hasta entonces todas las ONGs disfrutaban de la hospitalidad local. Ahora todas tienen que restringir al máximo su libertad de movimientos”.

Entre 3.000 y 5.000 españoles visitan los campamentos saharauis cada año. Muchos de ellos son miembros de asociaciones amigas de la causa saharaui y miembros de ONGs entre los que no ha sentado bien la repatriación de los cooperantes.

Una treintena de ellos visitan estos días la zona pese al riesgo de secuestro que mantiene el Gobierno deMariano Rajoy. Se han encontrado el edificio de Protocolo donde son hospedados rodeado por un muro de arena y los vehículos destinados a escolta han pasado de siete a diecisiete. Además, explica el secretario de Estado de Seguridad saharaui, en mayo terminó la formación de un batallón de 400 hombres en la lucha contra el terrorismo así como una unidad de intervención rápida. A esto se une la redistribución de competencias de los Ministerios de Defensa e Interior, el aumento de policías y gendarmes así como un mayor control del movimientos entre los campamentos de personas extranjeras llegadas para visitar a saharauis.
Para planificar los nuevos retos a nivel de seguridad tras los secuestros se han estado reuniendo la ONU, el Polisario y, hasta decretar la evacuación, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Han trabajado en un plan conocido como «Saving lives together» (salvar vidas juntos).

La ONU descarta en todo caso tomar una decisión a la española con la repatriaciónde su personal de los campamentos de refugiados saharauis. Lo confirma Manis con un «no» contundente. Cuando Madrid decidió la repatriación, gesto que el jefe de la Minurso no entra a juzgar, Naciones Unidas decretó entre su personal tres días de bajo perfil con movimientos reducidos. Pasado ese tiempo «retomamos nuestro trabajo con normalidad» tras comprobar con las autoridades del Polisario que no había motivo para lo contrario.

«El saharaui pensaba hasta hace poco que el enemigo era un militar marroquí o un tanque», señala el Secretario de Estado de Seguridad saharaui, «ahora es también el narcotraficante y el terrorista», añade señalando sin tapujos a Marruecos como campeón en la «producción y exportación de cannabis» en una región en la que «no existen diferencias entre el narcotraficante y el terrorista». Sin embargo, las rutas del hachís que Marruecos sigue produciendo en grandes cantidades, aunque menos que hace algunos años, no apuntan tanto hacia el sur africano como hacia el norte europeo.
Ibrahim Mohamed Mahmud no esconde que el hastío y el paro juvenil que golpea fuerte en los campamentos hace a este sector de la población «vulnerable frente a los narcotraficantes y los terroristas».

Todo ocurre en un momento en el que la crisis económica impide el desarrollo o mantenimiento de proyectos humanitarios impulsados desde el extranjero, que se consideran de vital importancia para la supervivencia de los aproximadamente 150.000 refugiados en una zona donde, como reconoce un trabajador de la ONU, «la producción local es nula». Ya el pasado mayo el ministro de Cooperación saharaui, Haj Ahmed, estimaba que la crisis puede llegar a acabar con el cincuenta por ciento de la ayuda que les llega de las ONGs.

Efectivamente, más allá de algunos pequeños huertos, casi la totalidad de los alimentos se importan. En estos momentos, como reconoce el presidente de la Media Luna Roja saharaui, Yahia Buhbeini, se han agotado las existencias de harina, azúcar, lentejas y solo queda cebada y aceite para un mes.
ABC


«Los huéspedes son sagrados para los saharauis, son como dios», afirma contundente el secretario de Estado de Seguridad del Gobierno saharaui, Ibrahim Mohamed Mahmud. De esta forma ilustra el mazazo que supuso para un pueblo que vive de las ayudas el secuestro de tres cooperantes extranjeros, dos españoles y una italiana, el pasado 22 de octubre y que han sido liberados tras casi nueve meses de cautiverio en el Sahel.



Ese día está ya marcado para siempre como una fecha maldita en el calendario saharaui. El clima de libertad que reinaba en la zona del desierto argelino donde se asientan los campamentos de refugiados se tornó en una negra nube por la amenaza terrorista. Los protocolos de seguridad son ahora más estrictos y han cambiado algunos hábitos, como los de los movimientos de los cooperantes o de los trabajadores de las agencias de Naciones Unidas.

«En octubre de 2011 cambió todo», reconoce el jefe de la Minurso (Misión de la ONU para el Referéndum en el Sahara Occidental) en Tinduf (Argelia), el sudanés Omar Bashir Manis. “Hasta entonces todas las ONGs disfrutaban de la hospitalidad local. Ahora todas tienen que restringir al máximo su libertad de movimientos”.

Entre 3.000 y 5.000 españoles visitan los campamentos saharauis cada año. Muchos de ellos son miembros de asociaciones amigas de la causa saharaui y miembros de ONGs entre los que no ha sentado bien la repatriación de los cooperantes.

Una treintena de ellos visitan estos días la zona pese al riesgo de secuestro que mantiene el Gobierno deMariano Rajoy. Se han encontrado el edificio de Protocolo donde son hospedados rodeado por un muro de arena y los vehículos destinados a escolta han pasado de siete a diecisiete. Además, explica el secretario de Estado de Seguridad saharaui, en mayo terminó la formación de un batallón de 400 hombres en la lucha contra el terrorismo así como una unidad de intervención rápida. A esto se une la redistribución de competencias de los Ministerios de Defensa e Interior, el aumento de policías y gendarmes así como un mayor control del movimientos entre los campamentos de personas extranjeras llegadas para visitar a saharauis.
Para planificar los nuevos retos a nivel de seguridad tras los secuestros se han estado reuniendo la ONU, el Polisario y, hasta decretar la evacuación, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Han trabajado en un plan conocido como «Saving lives together» (salvar vidas juntos).

La ONU descarta en todo caso tomar una decisión a la española con la repatriaciónde su personal de los campamentos de refugiados saharauis. Lo confirma Manis con un «no» contundente. Cuando Madrid decidió la repatriación, gesto que el jefe de la Minurso no entra a juzgar, Naciones Unidas decretó entre su personal tres días de bajo perfil con movimientos reducidos. Pasado ese tiempo «retomamos nuestro trabajo con normalidad» tras comprobar con las autoridades del Polisario que no había motivo para lo contrario.

«El saharaui pensaba hasta hace poco que el enemigo era un militar marroquí o un tanque», señala el Secretario de Estado de Seguridad saharaui, «ahora es también el narcotraficante y el terrorista», añade señalando sin tapujos a Marruecos como campeón en la «producción y exportación de cannabis» en una región en la que «no existen diferencias entre el narcotraficante y el terrorista». Sin embargo, las rutas del hachís que Marruecos sigue produciendo en grandes cantidades, aunque menos que hace algunos años, no apuntan tanto hacia el sur africano como hacia el norte europeo.
Ibrahim Mohamed Mahmud no esconde que el hastío y el paro juvenil que golpea fuerte en los campamentos hace a este sector de la población «vulnerable frente a los narcotraficantes y los terroristas».

Todo ocurre en un momento en el que la crisis económica impide el desarrollo o mantenimiento de proyectos humanitarios impulsados desde el extranjero, que se consideran de vital importancia para la supervivencia de los aproximadamente 150.000 refugiados en una zona donde, como reconoce un trabajador de la ONU, «la producción local es nula». Ya el pasado mayo el ministro de Cooperación saharaui, Haj Ahmed, estimaba que la crisis puede llegar a acabar con el cincuenta por ciento de la ayuda que les llega de las ONGs.

Efectivamente, más allá de algunos pequeños huertos, casi la totalidad de los alimentos se importan. En estos momentos, como reconoce el presidente de la Media Luna Roja saharaui, Yahia Buhbeini, se han agotado las existencias de harina, azúcar, lentejas y solo queda cebada y aceite para un mes.
ABC




El líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, agradeció ayer el viaje a los campamentos de refugiados saharauis de un grupo de españoles a pesar de las advertencias del peligro de secuestro lanzadas por el Gobierno de Mariano Rajoy. La delegación se está alojando en la misma sede de Protocolo donde fueron secuestrados el pasado 22 de octubre dos cooperantes españoles. El edificio ha sido rodeado en los últimos días por un muro de arena. Es una de las medidas disuasorias desplegadas. El presidente Abdelaziz insiste sin embargo en esta entrevista con ABC en que no tienen indicios de más secuestros y que tienen la seguridad bajo control pero que es necesaria más coordinación internacional.

-¿Qué opina de la decisión de repatriar a los cooperantes?

-Soy sensible con respecto a la seguridad de los cooperantes, máxime cuando tiene que ver con el terrorismo, pero la decisión de repatriarlos fue precipitada. Nos pilló por sorpresa y fue sobredimensionada por la Prensa por las declaraciones de algunos funcionarios españoles. No podemos exigir a las autoridades españolas ser ajenas a la seguridad de sus ciudadanos, pero si España disponía de algún elemento que apuntaba a alguna amenaza determinada debían haber actuado de tal modo que podamos proteger a españoles, a saharauis y a los de otras nacionalidades.

-¿No tenía noticias de esa amenaza inminente a la que se refiere el ministro de Exteriores, García-Margallo?

-Nosotros, que estamos sobre el terreno, no disponíamos de ningún elemento de información que apuntara a la existencia de amenaza de ninguna índole. Obviamente las cosas han cambiado desde el 22 de octubre (cuando fueron secuestrados los dos cooperantes españoles y una italiana), la primera acción terrorista aquí en casi cuatro décadas. En ese momento llegamos a la conclusión de que estábamos en el punto de mira de los terroristas y hemos adoptado nuestras medidas de protección y al mismo tiempo estamos dispuestos a colaborar con todas las partes en la lucha contra el terrorismo.

-¿Quién cree entonces que pudo alertar a España de ese peligro?

-Lo ignoramos.

-¿Cómo afrontar la actual amenaza?

-Creemos que fortaleciendo la comunicación y la cooperación podemos superar cualquier riesgo o amenaza terrorista. Desde nuestra experiencia, no es una tarea difícil. Es un grupo de cooperantes reducido, la zona no es muy grande y la inversión necesaria tampoco. Hay un problema de deficiencia de recursos y esto nos lleva a pensar que la coordinación y la ayuda de otras partes podrían facilitar esta tarea.

-¿Cómo salvar la cooperación en el Sahara?

-Para hacer frente al terrorismo la huida no es la mejor receta. El mejor remedio es adoptar las medidas pertinentes y reforzar la prevención.

-En su recepción a la delegación española señaló a Marruecos como el impulsor del terrorismo en esta región. ¿Usted cree de verdad eso?

-Categóricamente sí. Marruecos impulsa un terrorismo que tiene como objetivo el pueblo saharaui para influir en las posiciones políticas del conflicto. Su objetivo es aislar al pueblo saharaui en la zona y cortarle las ayudas.

-Ni González, ni Aznar, Ni Zapatero ni Rajoy han visitado el Sahara Occidental ni los campamentos de refugiados como presidentes. ¿Por qué cree usted que no lo hacen?

-España, expotencia administradora, debe asumir su responsabilidad ante unos ciudadanos que se hallan en condiciones difíciles. Se merecen que un presidente español venga a ver cómo viven y a decirles que pese al pasado siguen pensando en ellos. También, como potencia regional importante a España no le queda más remedio que desempeñar un papel en la solución del conflicto. Y para ello, ya que tiene visitas con la otra parte, Marruecos, debe tenerlas con nosotros.
ABC




El líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, agradeció ayer el viaje a los campamentos de refugiados saharauis de un grupo de españoles a pesar de las advertencias del peligro de secuestro lanzadas por el Gobierno de Mariano Rajoy. La delegación se está alojando en la misma sede de Protocolo donde fueron secuestrados el pasado 22 de octubre dos cooperantes españoles. El edificio ha sido rodeado en los últimos días por un muro de arena. Es una de las medidas disuasorias desplegadas. El presidente Abdelaziz insiste sin embargo en esta entrevista con ABC en que no tienen indicios de más secuestros y que tienen la seguridad bajo control pero que es necesaria más coordinación internacional.

-¿Qué opina de la decisión de repatriar a los cooperantes?

-Soy sensible con respecto a la seguridad de los cooperantes, máxime cuando tiene que ver con el terrorismo, pero la decisión de repatriarlos fue precipitada. Nos pilló por sorpresa y fue sobredimensionada por la Prensa por las declaraciones de algunos funcionarios españoles. No podemos exigir a las autoridades españolas ser ajenas a la seguridad de sus ciudadanos, pero si España disponía de algún elemento que apuntaba a alguna amenaza determinada debían haber actuado de tal modo que podamos proteger a españoles, a saharauis y a los de otras nacionalidades.

-¿No tenía noticias de esa amenaza inminente a la que se refiere el ministro de Exteriores, García-Margallo?

-Nosotros, que estamos sobre el terreno, no disponíamos de ningún elemento de información que apuntara a la existencia de amenaza de ninguna índole. Obviamente las cosas han cambiado desde el 22 de octubre (cuando fueron secuestrados los dos cooperantes españoles y una italiana), la primera acción terrorista aquí en casi cuatro décadas. En ese momento llegamos a la conclusión de que estábamos en el punto de mira de los terroristas y hemos adoptado nuestras medidas de protección y al mismo tiempo estamos dispuestos a colaborar con todas las partes en la lucha contra el terrorismo.

-¿Quién cree entonces que pudo alertar a España de ese peligro?

-Lo ignoramos.

-¿Cómo afrontar la actual amenaza?

-Creemos que fortaleciendo la comunicación y la cooperación podemos superar cualquier riesgo o amenaza terrorista. Desde nuestra experiencia, no es una tarea difícil. Es un grupo de cooperantes reducido, la zona no es muy grande y la inversión necesaria tampoco. Hay un problema de deficiencia de recursos y esto nos lleva a pensar que la coordinación y la ayuda de otras partes podrían facilitar esta tarea.

-¿Cómo salvar la cooperación en el Sahara?

-Para hacer frente al terrorismo la huida no es la mejor receta. El mejor remedio es adoptar las medidas pertinentes y reforzar la prevención.

-En su recepción a la delegación española señaló a Marruecos como el impulsor del terrorismo en esta región. ¿Usted cree de verdad eso?

-Categóricamente sí. Marruecos impulsa un terrorismo que tiene como objetivo el pueblo saharaui para influir en las posiciones políticas del conflicto. Su objetivo es aislar al pueblo saharaui en la zona y cortarle las ayudas.

-Ni González, ni Aznar, Ni Zapatero ni Rajoy han visitado el Sahara Occidental ni los campamentos de refugiados como presidentes. ¿Por qué cree usted que no lo hacen?

-España, expotencia administradora, debe asumir su responsabilidad ante unos ciudadanos que se hallan en condiciones difíciles. Se merecen que un presidente español venga a ver cómo viven y a decirles que pese al pasado siguen pensando en ellos. También, como potencia regional importante a España no le queda más remedio que desempeñar un papel en la solución del conflicto. Y para ello, ya que tiene visitas con la otra parte, Marruecos, debe tenerlas con nosotros.
ABC


«Gracias, gracias, gracias». Por tres veces el presidente saharaui, Mohamed Abdelaziz, ha querido agradecer la presencia de la delegación española en los campamentos de refugiados del sur del Argelia pese a las advertencias del Gobierno español de un secuestro inminente.



Varios centenares de personas han aplaudido el momento en el que el líder independentista, vestido de militar, se ha abrazado sobre un estrado a las dos decenas de españoles amigos de la causa saharaui.

El Frente Polisario insiste en que las medidas de seguridad actuales son suficientes para hacer frente a la amenaza, pero es consciente de que las autoridades españolas han tratado de evitar que el viaje se produzca.

El presidente, como en otras ocasiones, ha aprovechado su discurso para señalar a Marruecos como principal causa de los males de su pueblo. «La resistencia continuará» frente al «terrorismo marroquí», ha dicho Abdelaziz al auditorio en un abarrotado salón en la sede del Ministerio de Cultura en Rabuni, capital administrativa de la zona que controla el gobierno saharaui al sur de Argelia.

Rabuni, capital administrativa del Gobierno saharaui, acoge desde primeras horas del miércoles a la delegación española llegada para tratar de demostrar que el Gobierno español ha creado una alarma excesiva y para dar su apoyo a los saharauis y a las medidas de seguridad desplegadas.

El grupo, que permanecerá en la zona de los campamentos de refugiados saharauis hasta el viernes, se mueve en todo momento acompañado por una escolta armada del Frente Polisario. En Rabuni es donde en la noche del pasado 22 de octubre fueron secuestrados tres cooperantes, los españoles Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons y la italiana Rosella Urru.
ABC


«Gracias, gracias, gracias». Por tres veces el presidente saharaui, Mohamed Abdelaziz, ha querido agradecer la presencia de la delegación española en los campamentos de refugiados del sur del Argelia pese a las advertencias del Gobierno español de un secuestro inminente.



Varios centenares de personas han aplaudido el momento en el que el líder independentista, vestido de militar, se ha abrazado sobre un estrado a las dos decenas de españoles amigos de la causa saharaui.

El Frente Polisario insiste en que las medidas de seguridad actuales son suficientes para hacer frente a la amenaza, pero es consciente de que las autoridades españolas han tratado de evitar que el viaje se produzca.

El presidente, como en otras ocasiones, ha aprovechado su discurso para señalar a Marruecos como principal causa de los males de su pueblo. «La resistencia continuará» frente al «terrorismo marroquí», ha dicho Abdelaziz al auditorio en un abarrotado salón en la sede del Ministerio de Cultura en Rabuni, capital administrativa de la zona que controla el gobierno saharaui al sur de Argelia.

Rabuni, capital administrativa del Gobierno saharaui, acoge desde primeras horas del miércoles a la delegación española llegada para tratar de demostrar que el Gobierno español ha creado una alarma excesiva y para dar su apoyo a los saharauis y a las medidas de seguridad desplegadas.

El grupo, que permanecerá en la zona de los campamentos de refugiados saharauis hasta el viernes, se mueve en todo momento acompañado por una escolta armada del Frente Polisario. En Rabuni es donde en la noche del pasado 22 de octubre fueron secuestrados tres cooperantes, los españoles Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons y la italiana Rosella Urru.

ABC 

Una treintena de cooperantes y responsables de asociaciones amigas del pueblo saharui parten este martes a Tinduf (sur de Argelia) desafiando las advertencias del Gobierno español sobre el riesgo de secuestro que persiste sobre el terreno. Este viaje es la respuesta a la repatriación llevada a cabo la semana pasada por el Ministerio de Exteriores de los españoles que trabajaban en los campamentos saharauis instalados en esa zona del desierto desde hace casi cuatro décadas. Exteriores ha tratado de disuadirlos en las últimas horas, pero no ha sido posible.

«Esta maniobra (la repatriación) pone en peligro la continuidad de los proyectos de cooperación en los campamentos de población refugiada saharaui, que depende totalmente de la ayuda exterior», advierte la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara (CEAS-Sahara). Igualmente pretenden «demostrar la confianza en las medidas de seguridad» desplegadas por el Frente Polisario y las autoridades argelinas, puestas especialmente en alerta desde que el pasado octubre dos cooperantes españoles y una italiana fueran secuestrados.

Uno de ellos es el mallorquín Enric Gonyalons, de la ONG vasca Mundubat, que ha decidido que no quiere trabajar en las oficinas a pesar de la durísima experiencia vivida durante nueve meses secuestrado por un grupo terrorista en el Sahel y ser liberado hace poco más de dos semanas. Su deseo es volver al terreno. Antes deberá recuperarse de la ruptura del fémur mal curada durante su cautiverio.
«Siempre habrá problemas de seguridad y si estos aumentan, pues se pone más seguridad», entiende Iñaki Markiegi, presidente de Mundubat, que ha decidido volver a mandar a sus tres cooperantes que mantenía sobre el terreno a los campamentos hasta que el Gobierno decidió la repatriación, que entiende que es voluntaria. Los tres desarrollan un proyecto financiado por la Unión Europea y «si no están allí presentes el dinero y el proyecto se acaban», añade Markiegi, que dice que «no es posible» desarrollar esas misiones humanitarias y de cooperación sin estar en los campamentos.

El Gobierno comparte con los cooperantes el deseo de que estos regresen allí, pero antes deben darse unas condiciones de seguridad que no se dan en estos momentos. Finalmente no ha habido acuerdo para que el viaje se lleve a cabo. Coincidiendo con la expedición que parte este martes CEAS lanza acusaciones contra el Gobierno que parecen ir más allá del problema de la seguridad y la cooperación. «La decisión del ministro también pretende acabar con los cientos de viajes que el movimiento solidario desarrolla a lo largo del año. Nosotros y nosotras se lo vamos a impedir», advierten en el comunicado.

El presidente de CEAS, José Taboada, se ha negado, en declaraciones a ABC en Barajas, a abandonar a los saharauis: «Entendemos que hay que mejorar la seguridad, por supuesto, en colaboración con el Frente Polisario, Argelia, España y las oenegés, pero eso no implica que abandonemos a los saharauis». «Creemos que el Gobierno se ha precipitado y les pedimos que rectifiquen», ha añadido.

Como denuncian los cooperantes, el trasfondo parece tener también tintes históricos. «Al abandono humanitario hay que añadir el político», se queja Markiegi. «La comunidad internacional no aborda el problema de fondo, el político, el del fin de la descolonización» que España dejó inconcluso yéndose en 1975 del territorio que desde entonces ocupa Marruecos y lanzando al desierto argelino a decenas de miles de refugiados que siguen sin poder regresar a sus casas.

ABC 

Una treintena de cooperantes y responsables de asociaciones amigas del pueblo saharui parten este martes a Tinduf (sur de Argelia) desafiando las advertencias del Gobierno español sobre el riesgo de secuestro que persiste sobre el terreno. Este viaje es la respuesta a la repatriación llevada a cabo la semana pasada por el Ministerio de Exteriores de los españoles que trabajaban en los campamentos saharauis instalados en esa zona del desierto desde hace casi cuatro décadas. Exteriores ha tratado de disuadirlos en las últimas horas, pero no ha sido posible.

«Esta maniobra (la repatriación) pone en peligro la continuidad de los proyectos de cooperación en los campamentos de población refugiada saharaui, que depende totalmente de la ayuda exterior», advierte la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara (CEAS-Sahara). Igualmente pretenden «demostrar la confianza en las medidas de seguridad» desplegadas por el Frente Polisario y las autoridades argelinas, puestas especialmente en alerta desde que el pasado octubre dos cooperantes españoles y una italiana fueran secuestrados.

Uno de ellos es el mallorquín Enric Gonyalons, de la ONG vasca Mundubat, que ha decidido que no quiere trabajar en las oficinas a pesar de la durísima experiencia vivida durante nueve meses secuestrado por un grupo terrorista en el Sahel y ser liberado hace poco más de dos semanas. Su deseo es volver al terreno. Antes deberá recuperarse de la ruptura del fémur mal curada durante su cautiverio.
«Siempre habrá problemas de seguridad y si estos aumentan, pues se pone más seguridad», entiende Iñaki Markiegi, presidente de Mundubat, que ha decidido volver a mandar a sus tres cooperantes que mantenía sobre el terreno a los campamentos hasta que el Gobierno decidió la repatriación, que entiende que es voluntaria. Los tres desarrollan un proyecto financiado por la Unión Europea y «si no están allí presentes el dinero y el proyecto se acaban», añade Markiegi, que dice que «no es posible» desarrollar esas misiones humanitarias y de cooperación sin estar en los campamentos.

El Gobierno comparte con los cooperantes el deseo de que estos regresen allí, pero antes deben darse unas condiciones de seguridad que no se dan en estos momentos. Finalmente no ha habido acuerdo para que el viaje se lleve a cabo. Coincidiendo con la expedición que parte este martes CEAS lanza acusaciones contra el Gobierno que parecen ir más allá del problema de la seguridad y la cooperación. «La decisión del ministro también pretende acabar con los cientos de viajes que el movimiento solidario desarrolla a lo largo del año. Nosotros y nosotras se lo vamos a impedir», advierten en el comunicado.

El presidente de CEAS, José Taboada, se ha negado, en declaraciones a ABC en Barajas, a abandonar a los saharauis: «Entendemos que hay que mejorar la seguridad, por supuesto, en colaboración con el Frente Polisario, Argelia, España y las oenegés, pero eso no implica que abandonemos a los saharauis». «Creemos que el Gobierno se ha precipitado y les pedimos que rectifiquen», ha añadido.

Como denuncian los cooperantes, el trasfondo parece tener también tintes históricos. «Al abandono humanitario hay que añadir el político», se queja Markiegi. «La comunidad internacional no aborda el problema de fondo, el político, el del fin de la descolonización» que España dejó inconcluso yéndose en 1975 del territorio que desde entonces ocupa Marruecos y lanzando al desierto argelino a decenas de miles de refugiados que siguen sin poder regresar a sus casas.
lunes, 6 de agosto de 2012

Publico - PATRICIA CAMPELO - Madrid

José Taboada, presidente de CEAS Sáhara, explica que el ministro de Exteriores ha tratado de disuadir a las asociaciones que vuelven a los campamentos de refugiados saharauis la semana que viene.



Apenas cuatro días después de que el ministerio de Exteriores repatriara a doce cooperantes españoles que trabajaban en los campamentos de refugiados saharauis, un grupo de asociaciones, ONG, políticos y particulares prepara un viaje de regreso a esta parte del sur de Argelia. El objetivo: desmontar la imagen de inseguridad que ha propagado el ministro Margallo y llevar ayuda humanitaria a esa población que lleva más de 37 años en mitad de un conflicto político con Marruecos y con la indiferencia del Gobierno español. La expedición ha sido motivada de urgencia por el "montaje" que, a juicio de José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones pro saharauis en España (CEAS), ha sido la medida que Exteriores justificó alegando un alto riesgo de secuestro. Taboada, que lleva más de tres décadas visitando a la población refugiada del Sáhara, relata a Público los detalles del encuentro mantenido con el ministro de Exteriores después de que las asociaciones anunciaran una visita de cuatro días a los campamentos de refugiados el próximo 7 de agosto. 

El ministro Margallo, ¿ha tratado de disuadirles de su viaje?

Nos reunimos dos horas con él y ha tratado de convencernos para que abandonemos a los saharauis. Es una vergüenza la campaña que se está haciendo desde Exteriores. Creemos que el Gobierno español ha caído en la trampa de Marruecos y han tenido que justificar la medida de traerse de vuelta a los cooperantes en que hay un inminente riesgo de secuestro. Aquí no hay más riesgo que el que puede haber en Palestina o Irán. No es justificable la campaña del ministro de traerse a doce cooperantes en un avión militar cuando muchos de ellos tenían ya su billete de vuelta en vuelo regular. Es un montaje.

¿Cuál es el objetivo del viaje de vuelta a los campamentos?

Vamos a demostrar que la seguridad es muy grande, y al ministerio, que no vamos a aceptar maniobras políticas que puedan afectar a la población saharaui. Miles de familias viajan a los campamentos a ver a los niños que acogen en verano y ya nos están preguntando si es seguro ir. Normalmente se tiende a creer todo lo que dice el Estado, pero es uno de los entes que más miente; a veces por inconfesables razones; y es una vergüenza.

¿Les explicó el ministro Margallo cuáles eran esas razones para traerse de vuelta a los cooperantes?

Dijo que tenía información confidencial, datos cruzados, que era algo inminente, que no podían esperar ni un minuto más... Lo exageró todo. Al principio dijo que se debía a una intervención militar que se iba a dar en Mali, aunque no se refirió a los países limítrofes y los campamentos están a 1.000 kilómetros. Después, cambió y dijo que en los campamentos había infiltrados de una escisión de Al Qaeda -los mismos que secuestraron a los cooperantes [Ainhoa Fernández, Enric Gonyalos y Rosella Urru]. No se pueden aceptar esas maniobras jugando con la ayuda de un pueblo. Ellos [los saharauis] viven de la ayuda internacional -muchos de la española- y si la cortas y pones dificultades les terminas acorralando por el hambre.

¿Les han hecho firmar un documento eximiendo al Gobierno de responsabilidad en caso de secuestro?

Margallo nos dijo que un Estado no puede hacer firmar nada similar a nadie; que lo de ese chico [José Oropesa, el único español que decidió quedarse en los campamentos] debió ser un error o una mala interpretación de la agencia que coordinó la salida de los cooperantes. Esa amenaza fue algo ilegal y el ministro dice que su ministerio no se la atribuye.

¿Qué interpretación hace de la medida de Exteriores respecto a los cooperantes?

Todo esto se une al discurso del rey de Marruecos ayer en Rabat cuando dijo que su país quiere ayudar a España a salir de la crisis. A esto hay que añadir el espacio que Francia está dejando en el reino de Mohamed VI, con la postura de Hollande, que no mantiene un apoyo claro. Estos síntomas apuntan a que el Gobierno español quiera ocupar el espacio económico en Marruecos que pudiera estar dejando Francia. El PP hablaba de ‘responsabilidad histórica' con el Sáhara, pero estando en la oposición.

¿Quiénes integran el grupo que viaja la semana que viene al Sáhara? 

Aún lo estamos cerrando pero contamos con miembros de asociaciones, de ONG, con parlamentarios, partidos políticos y periodistas. Esperamos poder contar también con representantes de algún ayuntamiento. Una vez allí vamos a visitar los proyectos de cooperación y conocer de primera mano las medidas de seguridad del Frente Polisario. Llevaremos también toda la ayuda humanitaria que podamos.

¿Cuáles son las necesidades más urgentes que tiene esta población?

Las alimenticias: aceite, arroz, pasta, atún. También material escolar y medicamentos para los hospitales. Es vital seguir trabajando en los proyectos de alimentos, como los huertos, y en las escuelas de formación profesional, como la de cine, en el campamento '27 de Febrero'.

¿Cuánto tiempo más durará la medida preventiva de Exteriores?

No lo sabemos. Pero el ministro dijo que hay que buscar un plan de seguridad grande junto con Argelia y Naciones Unidas para presentarlo en la Agencia Española de Cooperación. En ello estamos para que ya no les queden excusas para decir que es peligroso viajar a los campamentos. La semana que viene también van a volver los cooperantes. Además, hay voluntarias de Francia e Italia que siguen allí.


Publico - PATRICIA CAMPELO - Madrid

José Taboada, presidente de CEAS Sáhara, explica que el ministro de Exteriores ha tratado de disuadir a las asociaciones que vuelven a los campamentos de refugiados saharauis la semana que viene.



Apenas cuatro días después de que el ministerio de Exteriores repatriara a doce cooperantes españoles que trabajaban en los campamentos de refugiados saharauis, un grupo de asociaciones, ONG, políticos y particulares prepara un viaje de regreso a esta parte del sur de Argelia. El objetivo: desmontar la imagen de inseguridad que ha propagado el ministro Margallo y llevar ayuda humanitaria a esa población que lleva más de 37 años en mitad de un conflicto político con Marruecos y con la indiferencia del Gobierno español. La expedición ha sido motivada de urgencia por el "montaje" que, a juicio de José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones pro saharauis en España (CEAS), ha sido la medida que Exteriores justificó alegando un alto riesgo de secuestro. Taboada, que lleva más de tres décadas visitando a la población refugiada del Sáhara, relata a Público los detalles del encuentro mantenido con el ministro de Exteriores después de que las asociaciones anunciaran una visita de cuatro días a los campamentos de refugiados el próximo 7 de agosto. 

El ministro Margallo, ¿ha tratado de disuadirles de su viaje?

Nos reunimos dos horas con él y ha tratado de convencernos para que abandonemos a los saharauis. Es una vergüenza la campaña que se está haciendo desde Exteriores. Creemos que el Gobierno español ha caído en la trampa de Marruecos y han tenido que justificar la medida de traerse de vuelta a los cooperantes en que hay un inminente riesgo de secuestro. Aquí no hay más riesgo que el que puede haber en Palestina o Irán. No es justificable la campaña del ministro de traerse a doce cooperantes en un avión militar cuando muchos de ellos tenían ya su billete de vuelta en vuelo regular. Es un montaje.

¿Cuál es el objetivo del viaje de vuelta a los campamentos?

Vamos a demostrar que la seguridad es muy grande, y al ministerio, que no vamos a aceptar maniobras políticas que puedan afectar a la población saharaui. Miles de familias viajan a los campamentos a ver a los niños que acogen en verano y ya nos están preguntando si es seguro ir. Normalmente se tiende a creer todo lo que dice el Estado, pero es uno de los entes que más miente; a veces por inconfesables razones; y es una vergüenza.

¿Les explicó el ministro Margallo cuáles eran esas razones para traerse de vuelta a los cooperantes?

Dijo que tenía información confidencial, datos cruzados, que era algo inminente, que no podían esperar ni un minuto más... Lo exageró todo. Al principio dijo que se debía a una intervención militar que se iba a dar en Mali, aunque no se refirió a los países limítrofes y los campamentos están a 1.000 kilómetros. Después, cambió y dijo que en los campamentos había infiltrados de una escisión de Al Qaeda -los mismos que secuestraron a los cooperantes [Ainhoa Fernández, Enric Gonyalos y Rosella Urru]. No se pueden aceptar esas maniobras jugando con la ayuda de un pueblo. Ellos [los saharauis] viven de la ayuda internacional -muchos de la española- y si la cortas y pones dificultades les terminas acorralando por el hambre.

¿Les han hecho firmar un documento eximiendo al Gobierno de responsabilidad en caso de secuestro?

Margallo nos dijo que un Estado no puede hacer firmar nada similar a nadie; que lo de ese chico [José Oropesa, el único español que decidió quedarse en los campamentos] debió ser un error o una mala interpretación de la agencia que coordinó la salida de los cooperantes. Esa amenaza fue algo ilegal y el ministro dice que su ministerio no se la atribuye.

¿Qué interpretación hace de la medida de Exteriores respecto a los cooperantes?

Todo esto se une al discurso del rey de Marruecos ayer en Rabat cuando dijo que su país quiere ayudar a España a salir de la crisis. A esto hay que añadir el espacio que Francia está dejando en el reino de Mohamed VI, con la postura de Hollande, que no mantiene un apoyo claro. Estos síntomas apuntan a que el Gobierno español quiera ocupar el espacio económico en Marruecos que pudiera estar dejando Francia. El PP hablaba de ‘responsabilidad histórica' con el Sáhara, pero estando en la oposición.

¿Quiénes integran el grupo que viaja la semana que viene al Sáhara? 

Aún lo estamos cerrando pero contamos con miembros de asociaciones, de ONG, con parlamentarios, partidos políticos y periodistas. Esperamos poder contar también con representantes de algún ayuntamiento. Una vez allí vamos a visitar los proyectos de cooperación y conocer de primera mano las medidas de seguridad del Frente Polisario. Llevaremos también toda la ayuda humanitaria que podamos.

¿Cuáles son las necesidades más urgentes que tiene esta población?

Las alimenticias: aceite, arroz, pasta, atún. También material escolar y medicamentos para los hospitales. Es vital seguir trabajando en los proyectos de alimentos, como los huertos, y en las escuelas de formación profesional, como la de cine, en el campamento '27 de Febrero'.

¿Cuánto tiempo más durará la medida preventiva de Exteriores?

No lo sabemos. Pero el ministro dijo que hay que buscar un plan de seguridad grande junto con Argelia y Naciones Unidas para presentarlo en la Agencia Española de Cooperación. En ello estamos para que ya no les queden excusas para decir que es peligroso viajar a los campamentos. La semana que viene también van a volver los cooperantes. Además, hay voluntarias de Francia e Italia que siguen allí.

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